Los niños siguen jugando a indios y vaqueros

Un recopilatorio creado para niños les invita a descubrir los orígenes de la música vaquera.









Que el sello Putumayo es un referente a la hora de conocer la World Music es un hecho. Y no hablo solo de ritmos venidos de Africa o Sudamérica, cuando Putumayo se pone a estudiar las "músicas del mundo" lo hace con todo tipo de géneros, bien sea el misterioso Marruecos, el colorista Brasil o las raíces de los sonidos tradicionales vaqueros.

Sus recopilatorios son un gran punto de partida a la hora de adentrarse en los farragosos mundos de los sonidos no comerciales. Sirven de faro y guía a la hora de ver por donde tirar cuando quieres husmear un poco en algo que no entra dentro de los cauces habituales de distribución (Spotify incluido donde, aunque muchos piensen lo contrario, NO está todo). Además, con Putumayo sabemos que hay una base y un criterio a la hora de realizar uno de sus recopilatorios introductorios, lo que significa confianza ya que no me imagino a los expertos del sello trabajando en un especial ragatón o electrolatino. Así que partiendo de esta base, el utilizar uno de sus recopilatorios como comienzo para estudiar o interesarse por un género, es sinónimo de garantía. La misma que te puede dar ese amigo erudito del que te fías cuando le pides que te recomiende algo porque tienes fe ciega en su buen gusto musical y rara vez te ha fallado.

Además de sus colecciones habituales, el sello Putumayo tiene una subdivisión más interesante aún si cabe que la propia casa madre, la infantil. Bajo la marca "Putumayo Kids" están editando una serie de recopilatorios dedicado a los jóvenes (aunque somos muchos adultos los que también la consumimos por lo deliciosa y sorprendente de su propuesta) donde de una manera didáctica, fácil y divertida les presentan a los chavales atractivas propuestas musicales para conocer no solo otro tipo de música aparte de la comercial que suena a todas horas en la radio, sino para inculcarles pequeñas píldoras de historia. Aprender jugando, que se dice.

Los discos van acompañados de libretos explicativos de lo que están escuchando, del género al que pertenece esa música y en la época, país o generación en la que se puede enclavar. Todo ello con un colorido y naif envoltorio, que ya sabemos que la música por donde primero entra es por los ojos y aquí, en Trepidación, siempre hemos defendido la importancia de una buena portada ya que nosotros venimos de una generación sin internet donde muchos discos fueron comprados (y muchos buenos grupos descubiertos) por lo que nos decía la portada que teníamos en nuestras manos en la tienda.

El último recopilatorio publicado para los niños por Putumayo ha sido un especial de música vaquera llamado "Cowboy playground" y reúne doce canciones del antiguo Oeste. Ojo, no estamos hablando de clásicos del country depresivo. Aquí no vamos a traumatizar a niños con historias de abandonos, hombres borrachos, duelos por una mujer o camioneros tarados surcando las autopistas a más velocidad de la permitida con cargas ilegales. Aquí hay canciones para cantar en el coche de excursión o a la luz de una fogata una noche de vacaciones. Incluso una nana de despedida al estilo cowboy!!!

Aquí nos encontramos con amables melodías de violín, banjo y slide donde se mezclan pesos pesados de la música vaquera americana como Riders in the Sky (que hacen el clásico "I'm an old cowhand" que ha sido interpretado por infinidad de artistas desde Bing Crosby a Johnny Cash) con artistas infantiles del género, consiguiendo crear una colección de temas muy agradable, divertido para niños y adultos y de altísima calidad. Todo ello acompañado de los habituales libretos didácticos del sello que sirven como guía de acompañamiento. En esta ocasión, el texto ha sido encargado a un especialista de música vaquera como es Holly George Warren y el Centro Histórico de Buffalo Bill se ha encargado de seleccionar y facilitar fotos de la época.

Muchas veces he dicho que los niños son el futuro de la música para que esta sobreviva. Que hay que inculcarles el amor por ella y enseñarles a apreciarla y motivarles a bucear por ella para descubrir (con sus errores y aciertos) nuevos mundos. No hay que dejar que se queden alienados exclusivamente por los ritmos de moda que escuchan en baja calidad por teléfonos móviles o politonos, sino que hay que enseñarles que existen otros mundos que están con los brazos abiertos esperándoles y lo divertido que puede ser ir de un nombre a otro guiándote por tu intuición.

De esto saben mucho los americanos y no lo digo solo por el trabajo de sellos como Putumayo. Son muchas las discográficas que tienen sus propios discos de iniciación para chavales. Hasta Motown tienen un "Motown for kids" donde les descubren el mundo del soul con las melodías más bailonas y atractivas de su catálogo. También hay artistas que consideran que su futuro está en manos de esos críos e intentan cultivar su paladar musical. Sin ir más lejos y siguiendo con el mundo vaquero, un claro ejemplo es el de un artista tan poco sospechoso de estar en esto por la pasta como es Jason Ringenberg que, aparte de su carrera en solitario y de Jason and the Scorchers, ha tenido un programa en televisión y editado discos de música vaquera para niños con el nombre de "El granjero Jason"

Alejandro Arteche
 
"Cowboy Playground" de Putumayo Kids está editado en España por discos Karonte.
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