Tupés con betún de judea


El trío inglés Kitty, Daisy & Lewis no convence en la presentación de su nuevo disco







Reconozco que soy bastante bueno para las manualidades y el bricolage. Todo lo que sea trabajo manual se me da bien y me gusta. Recuerdo cuando en un programa de manitas en televisión descubrí como se envejecían los muebles nuevos con una mezcla de betún de judea, ceras y ceniza para que pareciese que sobre ellos reposaba el paso de los años. Las marcas de uso, hechas con clavos al rojo y puntas dejadas caer al azar, hacían el resto. Parecían muebles antiguos, vividos, con solera, pero debajo de su patina señorial estaba oculto el engaño y lo falso. El aparentar lo que no se es.

Esa misma sensación de descurir el truco de magia de como convertir un mueble nuevo, ordinario y barato, en una pieza de almoneda, la tuve viendo a los hermanos ingleses Kitty, Daisy & Lewis presentar su nuevo disco "Smoking in heaven". Unos conciertos que podíamos bautizar como "la feria de la cinta aislante".

Al publicar su primer disco los niños nos hicieron gracia. Menores de edad fascinados por los años cincuenta comprando aparatos de sonido usados por ebay y montando en el sótano de su casa un estudio de grabación a base de ver viejos documentales de las técnicas de grabación de los estudios Sun Records.

Poco después nos enterábamos que su madre era una vieja punk de los 70 que tuvo un grupo donde tocaba la batería y que también había regentado una tienda de ropa vieja y el padre ejercía como técnico en un estudio de grabación. Ummm, mal asunto.

La música siempre ha sido un refugio de rebeldía para los jóvenes. Basta que tus padres te digan que una música no procede para que tu desees comprarte ese disco. De toda la vida era un signo de autoafirmación aparecer con discos escandalosos en casa, ver que tu padre criticaba los pelos o el amaneramiento de un cantante en televisión para que al día siguiente pusieses sus canciones a todo volumen en tu habitación... ¿Desde cuándo se ha visto eso que un padre aconseje e incite a su hijo a comprar discos de los Ramones o los Clash? No, no y no.

El montar un grupo de música también era otra válvula de escape. Tus padres no debían enterarse que te habías puesto con la guitarra y unos amigos en un garaje apestoso a meter ruido y hacer cosas de "maricones y drogadictos". A menos que fueses a convertirse en la nueva Marisol o Melody, tus padres no tenían que interferir en nada.

Así que, al ver sobre un escenario a los tres hermanos vigilados desde una esquina por su madre aferrada al contrabajo mientras les lanzaba miradas severas era de todo menos sosegante. Tú subes a un escenario a divertirte y desbarras y bastante presión tienes por parte del público que te observa y te juzga como para tener clavados en el cogote los ojos de tu madre.

De esta manera Kitty, Daisy & Lewis están en el escenario a lo suyo, tocando como si estuvieran en su habitación sin levantar la vista del suelo, ellas aprovechando sus melenas para ocultar la cara, sin interactuar con el público y convirtiendo la llamada "cuarta pared" del escenario en un sólido muro de acero que les separa de sus fans.

Durante el concierto se intercambian los instrumentos, demuestran lo eruditos que son pero van a lo suyo. Se toman su tiempo y consiguen que a cada cambio de instrumentación el ritmo del espectáculo se rompa. Es curioso que la mayor interactuación del concierto sea a cargo del trompetista negro invitado para el set ska. El hombre anima, ejerce de "speaker", baila, pide aplausos... Y por detrás las caras de los tres hermanos aguantando el chaparrón y, juraría por varias miradas que se lanzaron entre ellos, que deseando que el hombre termine con su parte de la actuación.

Luego está todo el rollo que nos han querido vender del tema vintage. Ellos han vendido desde el primer momento su pasión por los oldies, por la low fidelity y por lo viejo. Editan sus discos en todos los formatos posibles. Singles, lps o maxisingles de diez pulgadas de vinilo y, para hacer la gracia, carísimos álbumnes de varios discos a 78 RPM para coleccionistas enfermos del frikismo.

Este tema del vinilo puede tener su gracia, pero en el escenario la obsesión por lo viejo llega a extremos ridículos. Los vestidos de Kitty y Daisy están mal confeccionados, son de tela barata y tienen un descosido por ahí, un hilo colgando por allá. todo muy Primark, pero cuando observas la camisa dos tallas más grande de Lewis comprada en alguna trapería con unos cuellos imposibles, un traje que el difunto era mayor (con desilachado en el bajo de una de las perneras del pantalón, por supuesto), la señal de alarma se dispara y la sensación de el enmascaramiento de lo nuevo bajo una buena capa de betún de judea hace acto de presencia.

La caja depositada encima del teclado donde guardan las armónicas está rematada mil veces con cinta negra aislante. El xilofón está mellado. El contrabajo y las guitarras tienen la madera saltada en varios puntos. El bombo de percusión está lleno de más cinta aislante negra para sujetarlo. La caja de la batería toda oxidada. La suciedad invade la guitarra acústica... Todo parece viejo, todo parece rescatado de un viejo almacén, pero todo, a la vez, canta ópera a cartón piedra como esas falsas tabernas irlandesas que pueblan nuestro país todas decoradas con el mismo estilo falso vintage realizado con impresoras de última generación.

Con la aparición de este segundo trabajo "Smoking in heaven" han sido muchos los que se desilusionaron al ver que el globo de Kitty, Daisy & Lewis se desinchaba. Todo el invento perdía fuerza y ya en directo han convencido a muy pocos.

Las voces de desilusión a la salida del concierto se mezclaban con otras que pedían por seguir dando un voto de confianza a los niños por su juventud y esperar a un tercer disco. No sé, tendrán que trabajárselo mucho si de verdad sienten lo que hacen o si no, en ese futuro tercer trabajo, veremos como la gran mentira llega a su fin y los tres hermanos dejarán de llevar la ropa vieja y fea que les obliga su mamá y ellas se harán chonis de las que celebran la despedida de soltera en Ibiza vía un viaje low cost cargadas de alcohol y Lewis se pondrá un chandal y se llenará de oro para convertirse en un cani (scully, dicen ellos), que es lo que les gusta a todos los chavales ingleses.

Texto y fotografías Alejandro Arteche
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5 comentarios

  1. Pues yo creo que, aparte de demostrar que tu relación con tus padres es un poco tensa y que te caen mal los coleccionistas de vinilo, te has limitado a juzgar sus pintas desde un punto de vista equivocado (te estoy diciendo que no tienes ni idea de la estetica 40s/50s, pero así, en suave) y a intentar adivinar poses y falsas actitudes vitales sin conocerles a ellos de nada.

    El ultimo disco es flojo, y el primero no es el recopetín, y tu ya sabias antes de ir al concierto que el directo es mediocre, pero desde luego, con un artículo así solo enseñas que tienes poca idea de música, y que lo quieres disfrazar metiéndote con su aspecto/puesta en escena. Lamentable.

  2. completamente de acuerdo con el artículo. No todo van a ser palmaditas en la espalda a los niños, si no convencen, no convencen. Yo no lo hubiese dicho tan finamente, otros críticos escupen mucho mas veneno con grupos superiores y mucho mas profesionales. Y estos son una merde.

  3. Querido lector. Gracias por tu comentario. Solo una puntualización sin querer entrar en discusiones sin fin. ¿Te has dado cuenta que lo que criticas del artículo sobre "intentar adivinar poses y falsas actitudes vitales sin conocerles a ellos de nada" es lo mismo que haces tú al comentar mi relación familiar, mi opinión sobre los coleccionistas de discos, mi cultura o falta de ella sobre la década de los 50 o mi conocimiento o no sobre música? Al final vamos a ser más iguales de lo que piensas. Dale una vuelta y lo hablamos en otro momento. Un abrazo!

  4. Hombre, pues un poco de razón si que tienes, pero es lo que me ha salido, sobretodo al leer el último párrafo, en el que por cierto, te cubres de gloria. No te lo tomes como algo personal. De todas formas, me sigue pareciendo una crónica superficial y desinformada.

  5. Querido lector. Aquí nunca nada es personal. Los lectores tienen su espacio para opinar y ayudarnos a mejorar en nuestro trabajo. Nada más.

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