Lapido sigue reafirmándose como uno de los mejores artistas en directo

El granadino sigue presentando en directo su último trabajo







Siempre hay expectación por ver en directo al granadino José Ignacio Lapido. Al menos de boquilla. No sé que ocurre en el norte que cada vez que se anuncia uno de sus conciertos crece la expectación, todo el mundo comenta la jugada y al final el balón se desinfla y, por desgracia, el aforo nunca rebosa de toda esa marea de seguidores a los que tanto se les llena la boca al hablar de la música de Lapido.


Asistir a uno de los conciertos de Lapido siempre es una experiencia única. Sabes que tarde o temprano (más bien tarde, casi al final) va a caer algún recuerdo a su anterior grupo, pero siempre es un misterio las versiones que va a elegir de 091. Toda una ruleta rusa de acierto seguro ya que dispare la bala que dispare, esta va a dar de lleno en nuestro corazón y en nuestra memoria. Esta vez las elegidas fueron "La canción del espantapájaros" (una canción que no me quedaría tan mal cuando después de veinte años la sigo tocando, dijo para presentarla), "Zapatos de piel de caimán" y la emocionante "En la calle"

Ecos del pasado aparte, el motivo de su nueva visita al País Vasco era para presentar en directo su último trabajo "De sombras y sueños", un disco en el que hay colaboraciones vocales de Quique González, Miguel Ríos y Amaral.

Con una banda perfectamente engrasada, Lapido arrasó en el escenario de la sala Antzokia llegando el grupo en algunos temas a sonar como una apisonadora dispuesta a aplastar nuestras cabezas. Con rabia y sensación de urgencia la banda fue empalmando una tras otra canción y creo que hasta la sexta o así no se tomaron un descanso para saludar, dar la bienvenida al concierto y seguir con la ametralladora. Lapido como siempre, sereno y firme ante su atril, Víctor apoyándole con la guitarra y montando su propio espectáculo paralelo con sus bailes y animaciones varias y Raúl a los teclados (a punto de presentar nuevo trabajo discográfico con su proyecto de Jean Paul) que comenzó el concierto de manera pausada y casi académica sentado frente a su piano y termino el concierto aporreando las teclas casi a puñetazo limpio y amenazando con volcar el instrumental hacia el público.

Es curioso asistir a un concierto de Lapido. La versatilidad del público hace que sea interesante fisgar un poco entre las primeras filas. Lapido no tiene un target específico de fans. Los hay de todo tipo, tribus, edades y clase. Eso sí, todos tienen en común la devoción con la que recitan las letras de sus canciones, piden temas específicos e incluso jalean y animan al granadino. Además, Lapido mueve un grupo muy curioso de público femenino que asiste extasiado en las primeras filas a todos sus movimientos y no pierde una sola sílaba de las canciones.

La banda sigue teniendo un problema (no sé de qué tipo ni por qué) en el País Vasco con la asistencia de público a sus conciertos. Curioso cuando en muchas otras localidades están llorando para que vaya allí a tocar y hay gente que no le importa hacerse doscientos o trescientos kilómetros en coche para verle. En cambio, en Bilbao ha tocado con motivo de la aparición de sus tres últimos discos y el público sigue siendo bastante tacaño a la hora de hacer acto de presencia en sus conciertos. Eso sí, los que van, lo dan todo como si no hubiera un mañana y disfrutan de toda y cada una de las notas como si fuera la última.

Texto y fotografías: Alejandro Arteche
Tags: , ,

About author

Curabitur at est vel odio aliquam fermentum in vel tortor. Aliquam eget laoreet metus. Quisque auctor dolor fermentum nisi imperdiet vel placerat purus convallis.

0 comentarios

Publicar un comentario