Israel Nash Gripka y la montaña eléctrica


El cantautor se encierra en un viejo granero en medio del campo para hacer un disco eléctrico








Que nadie se lleve a error. La portada puede confundir con una foto en blanco y negro de Israel Nash Gripka y su perro en medio del campo rodeado de montañas. La historia que lleva detrás la grabación de su nuevo disco "Barn doors and croncrete floors" sobre recluirse en un viejo granero en medio de las montañas también ayuda a pensar que Israel se ha encerrado allí para registrar un disco introspectivo, oscuro, intimista y acústico. Una especie de "Nebraska" del siglo XXI. Pero no, nada más lejos de la realidad.

Con los primeros compases del tema que abre este segundo larga duración de Gripka, "Fool's gold", nos damos cuenta del error y por donde van los tiros. Sonido típico neoyorkino con aires a la E Street Band atronan en los altavoces. Si cambiásemos la armónica por un saxofón bien podríamos pensar que estamos ante un descarte de "The river" o "Born to run".

El resto de las once canciones del disco siguen por la misma línea. Sonidos cien por cien urbanos con regusto al Dylan más electrificado y a grandes popes del rock n roll de los 70.

Entonces, ¿qué sentido tiene irse a las montañas Catskill, encontrar un viejo granero y tenerlo que transformar en estudio de grabación si el disco resultante va a ser totalmente urbano? En un principio ninguno. Suena más a capricho de excéntrica estrella del rock multimillonaria y aburrida que a otra cosa que necesita que se hable de su disco y darle la publicidad necesaria que por méritos propios (es decir, las canciones), no puede alcanzar. Pero no, error otra vez.

Israel no nada en la abundancia, ni hace giras en aviones privados ni compone discos por cumplir el expediente. Todo esto comenzó como un comentario bobo una noche de cervezas con el ingeniero de sonido Ted Young y poco a poco la bola fue cogiendo forma y animados por la inconsciencia que da el hacer música con el corazón y no con la cartera y no tener que preocuparse de ventas ni discos de oro, se fueron liando los dos en la aventura sin apenas apoyo ni medios.

Desde buscar el granero por anuncios, tener que construir un estudio de grabación dentro partiendo prácticamente de cero, pedir favores y no morir en el intento ha dado como resultado un disco que sí, que puede sonar como si estuviera grabado en el mejor estudio de la Gran Manzana, pero que destila autenticidad por todos sus surcos.



Rock sureño, Dylan, el mejor y olvidado Jagger de los Stones (estoy seguro que los Rolling matarían por poder componer y grabar ahora una canción como "Lousiana"), el Nueva York prepunk de los 70, John Mellencamp, Fogerty... Todo cabe en un disco donde se pasean miembros de Sonic Youth o The Fieros. Al final la historia de encerrarse en las montañas, grabar con las puertas del granero abiertas, salir al campo a hacer tomas al aire libre o terminar las jornadas de grabación haciendo hogueras junto al río, es lo de menos. Pura anécdota promocional que no debe ocultar la verdadera esencia que esconde este trabajo de Israel Nash Gripka.

"Barnd doors and concrete floors" se defiende perfectamente bien grabado en un granero o en el mejor estudio de sonido del mundo. O bueno, quizás no. Al final el disco mientras lo estás escuchando transmite paz, buen rollo, un relajo absoluto y una sensación de estar ante una obra sonora preciosista y preparada para durar. Un disco atemporal y de autor perfecto para acompañar al oyente en muchas horas de su día a día.

Alejandro Arteche

"Barn doors and concrete floors" de Israel Nash Gripka está editado por discos Karonte.
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