Aparición sorpresa de Amy Winehouse en el BBK Live


Suede arrasan en una jornada dominada por el indie.






Atorrante es poco. El sol que pegaba de lleno a primera hora de la tarde cuando comenzaba la segunda jornada de la edición 2011 del BBK Live presagiaba un día de mucho calor, polvo en el aire y grandes dosis de líquidos para aguantar la dura jornada que se presentaba y donde, al caer la noche, estaba programada una recta final sin posibilidad de parar a descansar un momento. A saber, de seguidos Kashabian, Suede, Kaiser Chiefs y !!!. ¡Y con solo cinco minutos para movernos de un escenario a otro! Para muchos indies se mascaba la tragedia y aquello requería más estrategia que una partida de ajedrez para poder estar en primeras filas en todos los conciertos.

Por lo pronto Mars Volta reventaban el sistema de sonido del escenario principal a media tarde con el sol cayendo a plomo y una sobresaturación de graves que en los laterales hacía que se te movieran las gafas de sol a cada golpe de bombo. Demasiado intensos y ruidosos para tan primera hora, los acólitos de la banda aguantaban estoicamente aunque era bien fácil llegar a primera fila sin poner mucho empeño en ello. Todavía la gente estaba subiendo al recinto, echando una siestita por las campas aprovechando el sol o cogiendo fuerzas para la maratón nocturna.

El sol fue un problema con el escenario de TV on the Radio. Situado justo a su espalda y sin posibilidad de luces ni pantallas de video para el grupo, tenías que pasarte todo el concierto con la mano en la frente para poder vislumbrar algo del grupo. Una lástima. Así que lo mejor era entregarse al baile y disfrutar. Bueno, eso hasta que alguien se fijó que en los riscos junto al escenario se había encaramado con un vaporoso traje amarillo la cantante de los Noisettes, que habían actuado minutos antes, para observar el concierto desde un lugar privilegiado. Shingai Shoniwa bailó como una gogó profesional, saludó al público desde su atalaya, mandó besos y se lo pasó en grande como una fan más.

Ayer viernes era el día en que Amy Winehouse estaba anunciada como plato fuerte de la noche. A poco más de una semana de comenzar el BBK Live, su agente anunciaba la suspensión de toda la gira. En el fondo a la chica la comprendemos ya que ¿quién no ha vuelto alguna madrugada perjudicado a casa? En un momento de nuestra vida todos hemos sido Amy así que, con esta premisa, algunos espectadores llevaron al extremo la Amy que todos tenemos dentro y pudimos ver por recinto a varias y varios Amy dispuestos a arrasar con las barras de bebidas. Puede que no llegase a subirse al escenario esta vez, pero de una manera u otra Amy participó en el festival en el que estaba anunciada a bombo y platillo.

Mientras, los indies estaban en su parque de atracciones particular pasándoselo en grande. Vetusta Morla arrasaba en el escenario principal con un lleno casi absoluto con miles de fans que se saben y corean sus canciones (más las del primer disco que la del nuevo, también sea dicho). Es curioso lo variopinto del público seguidor de los Morla ya que además del gafapastismo habitual, reúne una serie de personajes que a primera vista no pegan como compradores (o descargadores) de un disco de la banda. Señores con traje y bastantes parejas con pinta de concursantes de Mujeres, Hombres y Viceversa así tipo musculoca de gimnasio con tatuajes y camiseta cuatro tallas más pequeñas cantaban la letra de “Copenhague” a grito limpio en las primeras filas. Sorprendente.

Y llegó la noche sin fin. Kashabian llenaron el escenario pequeño hasta donde se perdía la vista con su mezcla de rock y música de baile. Manos al aire, el polvo del suelo por encima de nuestras cabezas y un no parar de mover los pies con el repertorio de los de Leicestershire. El concierto no tuvo un solo pero y casi no habían terminado de sonar los últimos compases cuando la marabunta corría a ocupar su sitio para disfrutar de Suede.

El escenario estaba decorado con una gigantesca cortina de teatro como la que llevaba Amy en sus conciertos de la gira “Back to black”. El guiño a nuestra querida borrachuza estaba otra vez en el aire. Amys falsas paseando por el recinto, su cortina en el escenario que debía ocupar ella y justo a la hora que tenía que estar tocando ella… Pero no, los que salieron fueron Brett Anderson y sus chicos.

Sonido atronador con un exceso de graves al igual que con Mars Volta que en momentos hizo que las primeras filas de los laterales fueran bastante incómodas para seguir el concierto sin que te sangraran los oídos y “Trash” al tercer tema para hacer que todo el monte Kobetas se muriese de gusto.

Anderson, de negro riguroso, no paró de bailar un solo momento utilizando el cable del micrófono a modo de ventilador como Roger Daltrey y llevando por la calle de la amargura a los técnicos que cada dos por tres tenían que entrar al escenario a desenredarlo de los monitores y ventiladores. Se pavoneó, marcó todas las poses del mundo, hizo amagos de bailar flamenco, bajó al foso para darse un baño de masas saludando a sus fans e integrándose con ellos y terminó poseído por el espíritu del mejor y más histriónico Raphael en cuanto veía una cámara.

Parco en palabras, Brett Anderson se lo pasó en grande y disfrutó como un enano casi tanto o más que el público que terminó entregado y con los pies destrozados a una batería sin fin y sin descanso de todos los éxitos de Suede en una especie de “Stars on 45” donde el final de una canción era el comienzo de la siguiente. Todo fue perfecto, incluso vimos llorar a más de uno de la emoción en el momento balada que se marcaron antes de salir triunfadores por la puerta grande. Mirando al fondo del recinto parecía que había más gente viendo a Suede que a Coldplay el día anterior aunque las cifras de la organización hayan calculado siete mil personas menos. Igual es que con Suede estuvieron todos bailando y abultaban más que tumbados dormitando con los creadores de “Viva la vida”.

Los Kaiser Chiefs lo tenían bastante complicado para mantener el nivel de Suede. Es cierto que tienen repertorio y bastantes singles potentes pero el nuevo trabajo que venían a presentar, “The future is medieval”, no está a la altura de los anteriores. El comienzo del show con “Every day I love you less and less” coincidió con una pesada lluvia que no abandonó en todo el concierto y que hizo que bastante gente se refugiara en las carpas o decidiera empezar a coger los autobuses de vuelta.

El tiempo que se complicó a última hora y el fallido ritmo que imprimieron los Chiefs a su concierto hizo que este no terminara de cuajar, quedándonos en el recuerdo como una actuación muy superior la que dos años antes habían realizado en ese mismo escenario.

Texto y fotografías. Alejandro Arteche

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