Maryland o como seguir haciendo indie con dignidad


El quinteto gallego presenta un segundo disco lleno de una asombrosa madurez musical.




Si has nacido y te has criado en zona costera, has veraneado siempre con el mar como referente y has aprendido a nadar en agua salada, una piscina es el lugar más siniestro y desasosegante que te puedes imaginar. Un falso reducto de realidad impostada carente de vida. Agua estancada y recalentada. ¿Será la misma sensación que tienen los habitantes de los acuarios y peceras?

La piscina que aparece en “Get cold feet”, el segundo larga duración de los gallegos Maryland, tiene el plus de estar vacía y llena de hojas secas. La decadencia total. Ecos de un pasado mejor que hace que nuestra mente se traslade a cualquier película de mansión de lujo con asesinato en la piscina o al hundimiento de valores y de un estilo de vida ya enterrado por el paso del tiempo como ocurría con la piscina que servía de eje central en la película “El crepúsculo de los dioses”

Lo cierto es que tampoco ayuda a mitigar esta sensación la imagen de los integrantes del grupo. Escondidos tras sus sombras, son estas lo único que aparece en la piscina de la portada como fantasmas al acecho. En las fotos promocionales las sombras dejan paso a los protagonistas de la historia dentro de la pileta vacia y vestidos de riguroso invierno con ropa de abrigo. Algo totalmente anacrónico y fuera de lugar para una piscina de verano que hace que, otra vez, la imagen de una piscina sea difícil de ver para el criado en zona costera.

Dicen los chicos de Maryland que el título de su segundo disco, “Get cold feet”, habla sobre la expresión inglesa de “echarse para atrás”, de “dejarse vencer por el miedo” Otra ironía más en todo el concepto que rodea al disco.

Los gallegos vienen de publicar un disco debut rebosante de energía juvenil a punto de estallar. Cuando les entrevisté denotaban esa ilusión propia del que ve su primer disco en la calle y se robaban la palabra unos a otros para contar todo lo que pasaba por su cabeza. Recuerdo que comentábamos lo arriesgado de ser comparados con Placebo por su forma de cantar y el tono de voz o que el efecto llamada del nombre de Jaime Sexy Sadie (productor) anulara al grupo como tal y la prensa solo se fijase en eso.

Pasado el tiempo, aquí está el resultado de aquella perspectiva de futuro. No solo el quinteto ha sabido no echarse para atrás y vencer al miedo, sino que ha sabido evolucionar en su nuevo trabajo. “Get cold feet” es una continuación de su anterior disco, sí. No hace falta reinventarse en cada trabajo ni cambiar de disfraz como una insegura diva del pop cualquiera. Maryland ha sabido definir un sonido que es cierto que puede recordar a otros grupos (¿y quién no?) pero ha sabido dar un paso hacia delante muy importante.

Como en una iniciación a la madurez, Maryland se convierten en unos sosías musicales de Holden Caulfield para presentar once canciones donde se observa una gran serenidad y mucha madurez. La energía juvenil sigue ahí, pero ahora contenida. Un cierto halo de desencanto flota sobre las canciones haciendo a “Get cold feet” un disco perfecto para escuchar de manera reposada. No hay canciones para saltar en las pistas de baile como “Surprise” del anterior disco pero sí muchos temas para escuchar hoy, dentro de cinco meses o dentro de cinco años y comprobar que siguen frescos, vigentes y actuales. Hay muchas canciones en este disco que se notan que están compuestas para durar en la memoria colectiva. Algunas incluso podrían convertirse en pequeños himnos como “Lux” con un contagioso estribillo para corear a voz en grito.



¿Está pasado de moda el indie? ¿Sobran a estas alturas de la vida discos con guitarras saturadas? Pues hombre, si están metidas porque sí pues puede que sobren, pero tú escuchas “Get Cold feet” y las canciones tienen un fondo. Son perfectas piezas de pop que podrían sonar igual de bien quitando capas de sonido o cambiándolas por otras y eso es lo que hace que una canción sea buena, que teniendo el disfraz que tenga siga manteniendo el tipo y siga siendo defendible y eso, en el repertorio de este disco de Maryland, la premisa se cumple sin problemas.

El paso de la adolescencia a la madurez de los gallegos ha sido pasado con nota (y bastante alta). Ahora solo queda esperar como puede seguir evolucionando la cosa porque podemos estar ante un grupo con un futuro brillante, largo y muy interesante.

Alejandro Arteche

Maryland en directo
01 abril.- Reus (Sala Suau)
02 abril.- Barcelona (Sidecar)
15 abril.- Pontevedra (Karma)
30 abril.- Madrid (Costello)
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