Diane Birch y el alma (negra) de los siniestros


La cantante americana publica un disco de versiones de grupos siniestros en clave soul.







La historia de Diane Birch la hemos escuchado mil veces. Hija de predicador que durante su infancia viaja por todo el mundo siguiendo a su padre por las comunidades religiosas donde ejerce el apostolado, educación estricta donde aprende música para interpretar himnos religiosos y mantiene las distancias con los que no son de su religión hasta que un día dice basta y descubre el mundo real.

Pues eso más o menos es lo que le pasó a Diane Birch tras vivir en Sudáfrica y Australia hasta regresar a Estados Unidos donde ya pudo abrirse un poco más y descubrir que, aparte de la música clásica, la ópera y los himnos religiosos, existía más música y que había cosas como la radio y la televisión que, hasta entonces, le habían estado muy restringidas.

Claro, el choque tan fuerte hace que se vuelva medio loca con todo el mundo de posibilidades que se abre ante ella y descubre a los siniestros. Encantada con el mundo gótico llega a pasearse por la iglesia de su padre vestida con capa y ya no hay quien pueda pararla. Lo quiere todo y es una esponja que absorbe cualquier estilo musical.

En cuanto puede se va de casa y se traslada a Los Angeles donde trabajará tocando el piano en un hotel interpretando a su manera los clásicos de turno que se escuchan en los piano bares de todo el mundo.

Poco a poco va componiendo sus propios temas hasta que llega “Bible belt”, su primer disco. En el título queda reflejada toda su infancia, la opresión de la religión, la severa educación de su padre… Todo comprimido como un cinturón de castidad en forma de libro religioso.

También es cierto que esa cultura religiosa y los años interpretando himnos le sirve para intentar dar a las canciones un toque entre soul y gospel que en el concepto del disco queda un poco perdido.

Canciones como “Valentino” o “Fire scape” hace que Diane Birch parezca más una seguidora de Alanis Morrissette o Natalie Merchant. Canciones bonitas, bien cantadas y con agradable voz que a veces pueden recordar a los Carpenters pero que es un poco más de lo mismo. La portada, un primerísimo plano de Diane que parece sacado de una revista de moda de los años sesenta o de una cantante ye ye revival, tampoco es que ayude mucho a definir el “concepto”.

La sorpresa llega a finales de 2010 cuando aparece su segundo trabajo, un ep llamado “Velveteen age” junto a The Phenomenal Hand Clap Band. La niña modosita y un poco pija de las primeras fotos y videos que recordaba a Debbie Gibson aparece sobre un sofá maquillada y (des)peinada como Helena Bonhan Carter en un mal día y dentro, la bomba.



Diane recupera sus referencias de adolescencia cuando empezó a descubrir el mundo y se enganchó al siniestrismo de Christian Death o los Cure para horror de su padre y retoma canciones de la época de sus grupos favoritos para versionearlas.

Tras unos arreglos medio souleros medio coro religioso, Diane le pega una buena limpieza a clásicos de Sisters of Mercy como “This corrosion”, el “Kiss them for me” de Siouxsie, “Tarantula” de This Mortal Coil, “Bring on the dancing horses” de Echo & the Bunnymen o Joy Divison.

En la voz de Diane Birch las canciones suenan de una forma muy curiosa, casi como salidas de una iglesia de Harlem aunque en algunos arreglos se atreva incluso a meter el clásico piano funk tantas veces sampleado en los primeros tiempos del house.

“Velveteen age” es por lo menos, curioso, dentro del estilo de nuevo soul e intentos de arribismo en la música negra que tanto se está produciendo estos últimos años por parte de la comunidad blanca con más o menos acierto (léase Amy o Duffy) y tras un primer disco que ni fu ni fa, este ep de transición puede ser una pista para ver que nos puede deparar en próximas entregas de material propio.

Alejandro Arteche
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1 comentarios

  1. con esa voz tan bonita no importa el olor a incienso de las canciones, la siniestrez de los originales parece superada

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