¿La abuelita rockera chochea o crea una obra maestra del conceptualismo?


Wanda Jackson vuelve a la actualidad discográfica de la mano de Jack White.





Son muchas las viejas glorias que, ancladas en el circuito de oldies, actuaciones mal pagadas o directamente en el olvido de sus casas, vuelven un día al candelero de la actualidad porque a un moderno se le ocurre la idea de resucitar una vieja gloria de su infancia.

Aunque hay quien aconseja que los experimentos en casa y con gaseosa, a veces estas uniones salen bien. Sorprendente fue el regreso de Johnny Cash de la mano del productor Rick Rubin con una serie de discos desnudos y descarnados donde el hombre de negro se atrevía a su manera con clásicos de Depeche Mode o NIN llevándolos a su terreno y usando, de paso, estas sesiones de grabación para su personal exorcismo de dolor tras la muerte de su esposa. Rubin repitió la jugada con uno de los grandes horteras del siglo XX e intentó hacer un Cash 2.0 del hombre de las camisas brillantes con cuello king size y pelucón cardado, Neil Diamond. El resultado fue más de lo mismo y desaparecido el efecto sorpresa producido con Johnny Cash, los discos del retorno de Diamond han pasado de una manera discreta y bastante desapercibida por nuestras vidas.

Por desgracia no siempre se puede decir lo mismo que en el caso de Johnny Cash. Basta ver el descafeinado y trasnochado resultado en la década de los 80 de reunir a Dusty Springfield con los Pet Shop Boys.

Jack White ya había tenido su momento de prueba en esto de las recuperaciones cuando se encargó de rescatar a Loretta Lynn. La cantante de country que el pasado año fue objeto de dos discos homenaje por parte, uno de ellos, de Eilen Jewell y por otra de un recopilatorio de artistas variados revisando sus canciones, se vestía de tiros largos y posaba en la portada del disco como en un universo paralelo de la América profunda diseñado por el David Lynch de la mejor época.

El pasado 2010 Jack White volvía a la carga desde su sello Third Man Records con uno de los singles de vinilo de la serie azul, llamada así porque todas las portadas reproducen instantáneas de los intérpretes frente a un ciclorama de croma azul. El single suponía la vuelta al mundo del disco de Wanda Jackson donde esta se despachaba a su manera con sendas versiones de Amy Winehouse y Johnny Kidd y los Piratas.

Wanda Jackson no estaba retirada ya que ella ha estado toda la vida girando en pequeños circuitos de clubs y bares (ha llegado a tocar en España en los 90 en garitos para veinte personas) viviendo de los réditos de ser “la reina del rockabilly” y contar sus anécdotas de cuando estuvo liada con Elvis y todas esas batallitas de abuela cebolleta. El caso es que Wanda Jackson tenía, y tiene, tirón, como se demostró cuando de manera sorpresiva unos almacenes pusieron a la venta como producto destacado un recopilatorio de sus mejores éxitos y el disco fue número uno en ventas con listas de espera para adquirir una copia.

Los que nos lanzamos a por el single azul de Wanda donde ella nos recibía junto a Jack White sentada en una silla, con la peluca cardada a más no poder y vestida como una jubilada de Florida, no pudimos más que ¿desconcertarnos? ante la revisión que de “You know I’m not good” del exitoso “Back to black” de Amy Winehouse hacía la Jackson con una vocecita a lo Marge Simpson. Volviendo a la referencia de David Lynch, la versión parecía propia de una sesión del dj –si es que existiera esa figura- de la habitación roja de Twin Peaks pinchada para amenizar los bailoteos del enano. La cara b, el clásico de Johnny Kidd “Shakin’ all over”, la resolvía más dignamente pero tampoco como para tirar cohetes.

Pues bien, una gracieta de Jack White y un capricho de pagarle un single a la señora para que se divierta un poco, pensamos algunos, así que cuando nos enteramos a finales de año que era inminente la aparición de un disco completo, nos echamos a temblar.

“The party ain’t over” tiene el regusto de los finales de fiesta cuando uno no ha sabido retirarse a tiempo y ya solo quedan vasos rotos en el suelo, el aire cargado de humo, restos de bebidas recalentadas y sueño y aburrimiento.



En el disco, Wanda Jackson se pasea por encima de canciones de Bob Dylan, las ya mencionadas de la Winehouse y los Piratas o clásicos del rock n roll. En algunas está particularmente bien como el caso de “Rip it up” o “Thunder on the mountain”, primer single extraído del disco y cuyo video ha sido rodado en la planta de fabricación del vinilo de Wanda, pero son escasos los momentos de lucidez que podemos apreciar en el disco.

El conjunto tiene muchos altibajos y resulta bastante desconcertante. Escuchando “Nervous breakdown” no sabes si hacerle un hueco en la estantería o directamente abrir la ventana y tirar el disco a la calle. Las trompetitas a lo Tijuana Brass de “Nervous breakdown” son para matar a Jack White y la fanfarria cirquense de “Busted” es más propia de un espectáculo de vedette del Teatro Chino que de una estrella del rock n roll.

Luego está el rollo “epatante”. Pocas canciones hay que sean tan irritantes como “Rum and coca cola” y aquí está Wanda Jackson acompañada de lo más parecido a los gitanos de la cabra que exista en Estados Unidos para grabarla en su disco. ¿Por qué? Pues mira, misterios de la vida.

Como me decía hace escasos días un alto directivo de una independiente de este país comentando el disco de Wanda Jackson: “da como cosa escucharla ¿no?” Pues eso, que el comprar, escuchar o descargar “The party ain’t over”, lo dejo bajo su única responsabilidad, querido lector. Y no, no vale decir que es el típico disco que gana con escuchas, los años o yo que sé. No vale.
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1 comentarios

  1. suena un poco chirriante, pero si viviese en torremolinos seguro que iria

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