Una velada de smoking y traje de noche


Royal Crown Revue arrasan en su gira española.










Se veía venir. Son unos tipos que se hacen querer y eso el público lo nota y lo agradece y, sobre todo, cuando los primeros que se lo están pasando en grande son los propios miembros del grupo encima del escenario, la energía, el buen rollo y las buenas vibraciones se transmiten al resto en cuestión de segundos.


Había expectación por ver en directo "It's Vegas, baby", el nuevo espectáculo de Royal Crown Revue que sirve para presentar a Jennifer Keith como nueva cantante acompañando a Eddie Nichols y que hace su debut en "Don't be a grinch this year", el disco de villancicos que servía de excusa para esta gira.


Jennifer es discreta, lleva un rollo entre secundaria de película de David Lynch e impersonator de Dita Von Teese y cumple a la perfección la función de segunda cantante. Para los que esperaban con recelo que acaparara toda la atención y eclipsara al incombustible Nichols (algo impensable), Jennifer sabe perfectamente cual es su lugar en el grupo y en el escenario: un discreto segundo plano, un protagonismo justo en sus canciones entrando y saliendo de escena cuando era necesario y un contrapunto elegante al histrionismo de Nichols.


Con una iluminación sobria y en bastantes momentos incluso escasa, apoyados por cuatro lámparas industriales como las usadas antiguamente en los ring de boxeo, los Royal montaron el número. Nichols bailó hasta la extenuación sin perder en ningún momento la sonrisa y no sudar ni una gota. Mientras, las habilidades de los músicos en sus solos eran capturadas por Mark Cally con su iphone, un anacronismo que chirriaba entre tanta guitarra Grestch, trajes de época y ambiente años 40. Lo suyo habría sido sacar una cámara de medio formato al estilo de Weegee, pero no era plan.


Saludando a viejos amigos de otras giras y dedicando canciones, estrechando manos entre las primeras filas... La fiesta no terminó al finalizar el concierto. Nada más terminar la última nota del show, los Royal Crown Revue se bajaron rápidamente del escenario a mezclarse entre el público, hacerse fotos con el respetable y firmar discos. Eddie Nichols seguía con la sonrisa tatuada en la boca y chocaba puños con cualquiera que se cruzara con él como si fuesen colegas de toda la vida.


texto e imágenes: Alejandro Arteche

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