¿Es posible educar a los niños para que sigan amando la música?


Un recopilatorio de rock n roll para niños tiene la respuesta.


Cuando dicen que la música ha muerto por culpa de la piratería me llevan todos los demonios. Es cierto que la industria no está pasando su mejor momento, pero no por culpa de la piratería (a eso le ha llevado la avaricia y codicia que habita en los despachos) sino por su falta de creatividad.

Todos tenemos sobrinos, primos o hijos en edades pequeñas. A esa misma edad nosotros estábamos enganchados a la radio descubriendo nuevos sonidos. La televisión también ayudaba un montón a que los sábados por la tarde, tras los dibujos animados y la película, en programas como Aplauso los niños pudiesen ver a sus ídolos infantiles como Parchís o Enrique y Ana mezclados con AC/DC, los Ramones o Lene Lovich. Estoy seguro que en aquella época más de uno en “edad difícil” fue a su habitación a romper los singles de vinilo de colores de Parchís editados por Belter al caer hipnotizado por los alaridos y aspecto estrafalario de bruja del norte de la Lovich o al descubrir lo que molaba un pelo largo, unos vaqueros rotos por la rodilla y gritar hasta caer afónico “one, two, three, four”.

El mercado musical infantil siempre ha sido lo peor. El tratar a los niños como retrasados no es que ayude mucho a que estos adopten como modelo a seguir a los cantantes que la industria dirige y crea para ellos. Gracias a Dios, porque ahora tendríamos una generación de Enriques-del-Pozo invadiendo las calles españolas. No hay más que entrar en youtube para ver quienes forman las primeras filas de los programas musicales ingleses de los 60 y 70 y bailan con desenfreno a Marc Bolan o Gary Glitter: niños de 8 y 12 años!!! Y vale, no es buena idea mezclar en la misma frase Glary Glitter y niños, pero ahí está el concepto. Tratando a un niño como una persona normal hace que este se muestre más receptivo a lo que se le ofrece.

Tú ahora le preguntas a un niño de 9 años que música le gusta y, aparte de no saber nombres de grupos o solistas, como mucho te puede decir el título de alguna canción con un poco de suerte. Ahora se mueven por géneros y te sueltan eso de “me gusta el ragatón, el flamenquito y el bumpin’” El infierno en la tierra, vamos.

Es cierto que los que tenemos una edad hemos vivido la edad de oro de la música. En un mundo gris y aburrido, la música era el escaparate de los sueños. El punk, el rockabilly, los nuevos románticos, los mods… Además de hacer canciones chulísimas y de ofrecer sueños gratis de menos de tres minutos de duración, eran un grito de color, rebeldía y libertad ante una vida gris.

¿Está todo perdido? Hombre, espero que no porque eso sería muy triste. Ya no tenemos la ayuda de la televisión porque esta no programa espacios musicales y las cadenas de video con un montón de clips con negros raperos narcotraficantes y señoras ligeras de ropa con la filosofía de vida de “ser puta de lujo es mucho más cómodo porque te lo dan todo hecho”, pues no apetece.

En nosotros está el educar a las nuevas generaciones y mostrarles que en la música hay un mundo maravilloso por descubrir. No voy a decir que de buenas a primeras les metamos una sobredosis de soul para explicarles que la música de baile, además de divertida, puede servir para reivindicar causas sociales justas sin dar por saco con una guitarra coñazo y dormir a las piedras como si fueras Ismael Serrano. Poco a poco se llega a todo. Los chavales, aunque no lo creamos, son inteligentes y basta con darles un pequeño empujón y alimentar su curiosidad para que ellos mismos emprendan el camino del explorador ávido de nuevos conocimientos.



¿Cómo comenzar? Aunque no lo parezca, algunas discográficas siguen empeñadas en estar en esto de la música por gusto y no por dinero. El sello americano Putumayo se ha especializado desde hace años en interesantísimos recopilatorios donde van desgranando a todo tipo de público los misterios de la World Music. Ese género que de primeras provoca rechazo porque suena demasiado a folclore National Geographic pero que, como todo, si se sabe separar el polvo de la paja siempre proporciona momentos curiosos.

Supongo que por este motivo, hace tiempo los americanos crearon la subdivisión Putumayo Kids, destinada a descubrir al público enano los maravillosos misterios de la música “de verdad”. Ya, simplemente con sus coloristas portadas, el producto que ofrecen resulta atractivo a los ojos no sólo de los pequeños, sino de los adultos que se sienten integrados en la oferta. Quizá influya en todo esto que el fundador del sello, Dan Storper, viva en una ciudad tan musical como Nueva Orleáns y que tenga un hijo de cinco años. ¿Cómo explicar a un niño en ese entorno lleno de sonidos, aromas y mestizaje lo que escucha por las calles? Pues este “Rock & roll playground” puede ser un buen punto de partida.

Tras unos interesantísimos volúmenes sobre el jazz o la música hawaiana, Putumayo Kids lanza un nuevo disco dedicado a descubrir el rock n roll a los niños. “Rock & roll playground”, una colección de doce canciones destinadas, según el sello, para niños de todas las edades. Y sí, “todas las edades” es perfectamente aplicable para los que ya han pasado los cuarenta.

Aquí no estamos hablando de discos para bebés que con la engañifa de vender los éxitos de Madonna, Michael Jackson o Abba a ritmo de nana lo que nos cuelan son insufribles versiones instrumentales de sonido midi con una calidad y unos arreglos que no los querría ni el peor programador de música para ascensores. Aquí estamos hablando de música de verdad.

Rock n roll en estado puro para niños hecho por primeras espadas del mundo del country como Rosie Flores (brutal su versión del clásico “This little girl’s gone rockin’”), sonidos nuevaoleros como “At the bus stop” de Melissa Green o la optimista “Dream big” de Roger Day. Algunos, incluso, con premios Grammy a sus espaldas (¡en otros volúmenes como el dedicado a la música latina participan Omara Portuondo, Pink Martini o Lila Downs!). Canciones que por su estructura y sus arreglos, aparte de entrar perfectamente en los niños, les va a hacer interesarse por más música como esa, y a partir de ahí asimilar con más facilidad a Elvis, o Johnny Cash, porque estoy seguro que tras escuchar “Willie and the hand jive” a cargo de Taj Mahal y Linda Tillery, cualquier niño estará deseoso de grabarse en su mp3 algo de música de Nueva Orleans, por ejemplo.

El afán educativo de Putumayo no termina sólo con la recopilación de canciones. Cada disco lleva incluido un libreto en diferentes idiomas (inglés, castellano, francés y alemán) donde de modo coloquial y ameno se explican las canciones y los estilos. Además las letras de las canciones están destinadas al público infantil como, por ejemplo, esa especie de “Walkin’ the dog” que es “Sleep the whole day through” de Bill Harley, que cuenta el desconcierto del niño al ver los cambios de humor y de comportamiento en su hermano mayor adolescente, compañero de juego hasta hace dos días y ahora casi un completo desconocido por su cambio hormonal. Y todo bajo el hipnotizante ritmo de un piano pantanoso y un saxo que te atrapa y te obliga a bailar hasta dejarte sin aliento.

Ah, y no vale ir a la tienda con la excusa de que es para tu sobrino y que te lo envuelvan para regalo. Esto es rock n roll que se puede pasear con orgullo debajo del brazo, no un “guilty pleasure” que esconder cuando llegan las visitas a casa.

Alejandro Arteche
“Rock & roll playground” está editado en España por Karonte Records.
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1 comentarios

  1. Un tracklist (o lista de Spotify) para un recopilatorio como éstos para niños no vendría mal.Como idea, ahí lo dejo.

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