Fallece el fundador de Discoplay



Emilio Cañil, fundador de la empresa de venta por correo de discos Discoplay, ha fallecido.



A primeros de los 80, ser chico de provincias con pretensiones de moderno tenía sus inconvenientes. Era imposible acceder a muchos de los discos que comenzaban a editarse de manera independiente por los grupos españoles y las horas pasadas de noche escuchando a escondidas bajo la almohada a Jesús Ordovás en Radio 3 y apuntando como loco referencias, direcciones, teléfonos y apartados de correos para pedir contra reembolso los discos que allí se pinchaban era una locura.

El Corte Inglés o Galerías Preciados aún no vendían material que no fuese producido por multinacionales y no existían H&M y demás zarandajas en los que poder surtirte de muñequeras, cinturones de pinchos, camisetas de los Clash... Por eso, el recibir el catálogo de Discoplay en el buzón de casa cada mes era un soplo de aire fresco, una ventana abierta a todo lo que se estaba moviendo y agitando en la capital y, sobre todo, un fuerte golpe al pequeño bolsillo de un estudiante de 13 años con paga de fin de semana.

Sus páginas temáticas donde por no mucho dinero podías hacerte con la discografía completa de los Ramones en vinilo, las novedades, los complementos (desde cintas de cassette limpiadoras a muñequeras jevis o camisetas new wave... Incluso cuadernos para el instituto con portadas diseñadas por Montxo Algora, el mismo que hacía las portadas de la Mode y que, oh modernidad, vivía en Nueva York) y, por supuesto, aquella página doble de singles cuya cabecera rezaba "discos independientes" como el luminoso de un oasis en pleno desierto.

Y allí estaban todos esos discos con sus portadas reducidas a tamaño 4x4 centímetros que tantas tapas de carpetas escolares forraron o que sirvieron para hacerse las primeras chapas caseras para colgar en el jersey. Parálisis, Waq, Zoquillos, Siniestro, Aviador...

Poco antes de las fatídicas inundaciones del verano de 1983, Discoplay abrió tienda en Bilbao. En pleno Casco Viejo y en el primer piso de un edificio sin vistas a la calle. Llegar allí y subir las escaleras hasta la entrada era toda una aventura y te enfrentabas a ella con gran emoción. ¿Qué me encontraré hoy? ¿Qué novedades o rebajas habrán puesto? El no acceder a la tienda desde la calle como el resto de comercios, hacía de ir a comprar a Discoplay Bilbao una sensación especial como de misterio, de sentirte especial. Allí unas navidades de 1983 compré mis primeros discos independientes. Los recordaré siempre: el maxisingle de Aviador Dro "Programa en espiral" y el lp de Siniestro Total "¿Cuándo se come aquí?". Más tarde caerían infinidad de singles, mi primer disco de los Cramps (vinilo de importación y carísimo. Casi 2.000 pesetas que hicieron que ese fin de semana me quedase sin mi ración de fin de semana en el Bolos porque no había dinero para todo con la paga de estudiante quinceañero), los maxis de Seres Vacíos que llegaban con cuentagotas...

Al viajar a Madrid era visita obligada su tienda en los desaparecidos Sótanos de la Gran Vía. Atravesar esos pasadizos desérticos que inmortalizaron 091 en su video "El hombre invisible" te hacían sentir como un Indiana Jones postmoderno en busca de tesoros en forma de vinilos. Las aventuras de aterrizar al fondo de los Sótanos o subir al piso de Gran Vía donde tenía La Metralleta su despacho era una manera diferente de ir a comprar discos. Original, divertida, lo perfecto para alguien en busca de esa sensación de urgencia que cantaban los Kaka de Luxe.




Poco a poco Discoplay fue languidenciendo. Todo se había globalizado y era más fácil comprar las cosas en tu ciudad (¡gracias Ilu y Spasky por aquella Librería Universal que tanto servicio nos hizo!). Discoplay se modernizo y abrió megatienda en la calle Princesa en lo que hoy es la discoteca Heineken. No era lo mismo. Demasiado grande, demasiados discos... El viejo cine reconvertido en tienda de discos creaba vértigo y al final entrabas con idea de gastarte una pasta y comprarte miles de discos y salías con menos de la mitad y saturado de ver carátulas. Mal asunto. Aún así, allí hice bastante amplia mi colección de country rock.

Hoy me entero del fallecimiento de Emilio Cañil, fundador de Discoplay. Desde aquí mis modestas líneas para recordar su memoria y agradecer todo el servicio y la ayuda que nos proporcionó a muchos chicos de provincias con afán de comernos el mundo. No sé si en algún momento fue consciente de todo lo que nos influyó y el bien que nos hizo. ¡Gracias, Emilio!.

Os dejo con un interesantísimo texto sobre Emilio escrito por Antonio González Lejárraga. Que lo disfrutéis.

Alejandro Arteche

¿Conocíais Discoplay? ¿Lo usabáis? Me gustaría conocer vuestras opiniones. Podéis dejarlas en la sección de comentarios.
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4 comentarios

  1. yo durante dos o tres años (1986-1989) compraba cuatro o cinco discos al mes a través de discoplay, y me encantaba recibir las revistas!

  2. Yo solía rellenar las discografías que me faltaban en Discoplay. Cuando la economía fallaba no había para discos, así que lo iba dejando todo apuntadito (grupo, título de la obra y compañía de discos) con la esperanza de poderlo encontrar meses o años más tarde en la tienda "rescatadora". Me gustaba mucho las ofertas y los packs. Lo que no me atraia nada era le merchandising y las camisetas: todo el mundo en Madrid llevaban el mismo atrezzo, eso no iba conmigo. El catálogo era una pasada porque la información que en él había esataba concentradísimo y tardabas mucho tiempo en leértelo de cabo a rabo.
    Alejandro, un gran aporte a este hombre y a parte de nuestra vida musical. Me encanta como cuentas tus vivencias, lo haces de una manera muy cotidiana. Y el toque audiovisual para ilustrar este artículo dice que sabes al dedillo de lo que estás hablando/escribiendo. Enhorabuena!

  3. Usted que me lee con buenos ojos, don uno de antes.

  4. Yo era usuario de Discoplay. Aún recuerdo la excitación cuando recibí el maxi 3D de Los Coyotes (Ella es tan extraña), aquellas cajas de cartón con su oculto y deseado tesoro dentro... En fin, descanse en paz. Su chiringuito nos proporcionó a muchos momentos de felicidad.

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