Chuck Mead, el último cowboy de medianoche



Una mirada al infinito, las luces de Times Square borrosas en segundo plano, colores pastel en la fotografía… Podría parecer un fotograma de “Cowboy de medianoche” y el protagonista de todo esto, Chuck Mead, la reencarnación de Jon Voight, pero no. Esto no es 1969, esta imagen está tomada cuarenta años después del rodaje de la mítica película del director John Schlesinger y sirve para ilustrar la portada de “Journeyman’s wager”, el primer disco en solitario de Chuck Mead.

¿Un nuevo artista country? ¿Algo más que aportar al submundo de corazones rotos, tipos solitarios y bares llenos de peleas y alcohol? Bueno, ¿cómo decirlo? Si la portada sorprende a primera vista, sólo hay que pulsar el “play” de nuestro reproductor para quedarse uno con la boca abierta y pensar ¿dónde ha estado hasta ahora este tío?


Los primeros compases de “Out on the natchez trail”, el tema que abre “Journeyman’s wager” ya previene al oyente que el material del disco es canela fina. Armonías country, compases rockeros, guitarras afiladas y un órgano en segundo plano que la nomina como canción perfecta para las fiestas salvajes de sábados noche en cualquier pueblo perdido de la vieja América. Sólo la primera canción hace que salivemos de placer todos los que estuvimos enganchados al country rock y hillbilly que se hacía a mediados de los 80 y que tan buenos momentos nos hizo pasar gracias a artistas como Dwight Yoakam. ¡Y eso que es sólo la primera canción y la montaña rusa que es este disco no ha hecho más que empezar a elevarte hasta lo más alto!


Por supuesto que Chuck Mead no es un advenedizo de esto ni ha aparecido por generación espontánea. Vale que los milagros existen (este disco es una prueba de ello) pero tampoco hay que forzar la situación. Considerado como uno de los propulsores del renacimiento del hillbilly en los años 90 con su grupo BR5-49, la figura de Chuck Mead está catalogada como de las más talentosas dentro de la escena americana de country. Con su grupo ha estado nominado varias veces al Grammy y han hecho giras junto a Bob Dylan, Mavericks o el ex Stray Cats Brian Setzer.


El haberse desligado de un grupo con éxito como BR5-49 (esto no quiere decir que el grupo se haya separado, simplemente se han concedido un tiempo para elaborar sus proyectos en solitario), Chuck Mead considera que le ha ayudado a crecer como artista. En su primer trabajo en solitario no sólo ataca el country rock, sino que se atreve con pop, rock n roll o R&B, y todo a la perfección. No hay más que escuchar el contagioso saxo de “She got the ring” para acordarnos de Mink DeVille o la delicada “Albuquerque” con el envolvente pedal steel guitar de Pat Sivers y la cadencia de la melodía por “Nunca llueve al sur de California” de Albert Hammond para darnos cuenta que “Journeyman’s Wager” es uno de los discos más completos y bellos que han aparecido en lo que va de año y que tiene la madurez y calidad suficiente para ser considerado ya un clásico atemporal de la música americana. Como el autor confiesa “El rock, el hillbilly, el pop… para mí todo es música americana. Todos esos géneros han ayudado a construir mi cultura musical. Para mí, la música americana es la que trata sobre cosas reales y cuenta buenas historias.” Y ayuda a emocionarse, me atrevería a añadir yo, porque la tristeza del acordeón de “Up on edge hill” y el punteo de la guitarra en el momento exacto hace que la canción te ponga los pelos de punta.




Producido por Ray Kennedy, conocido por sus trabajos con Steve Earle y Lucinda Williams, el disco está concebido a la vieja usanza y grabado en un estudio analógico con instrumentos y equipo de los años 60, tocado casi todo a tiempo real con toda la banda en el estudio y colaboraciones de lujo. Tocando en el disco hay compañeros de Chuck en los BR-59 como el bajista Mark Miller y músicos que han trabajado con artistas de renombre como Johnny Cash, los Everly Brothers, Jawhawks o los Black Crowes.


Artista polifacético y culo inquieto, aparte de grabar esta maravilla de disco, Chuck Mead tiene tiempo para sus demás proyectos entre los que está el proyecto de supergrupo Hillbilly All Stars, coproducir discos tributo a Johnny Cash o Waylong Jennings y componer para otros.


Recordando a veces a Bob Seger en “After the last witness is gone” o a los Beatles en “A long time ago”, las once canciones de Journeyman’s wager” incluyen dentro de la elegante portada y cuidada presentación del disco una sorpresa, una versión campestre de “Old brown shoe”, el tema de George Harrison grabado durante las sesiones de “Abbey Road” y que terminó apareciendo como cara b del single “ballad of John y Yoko.” En definitiva, un disco redondo y que demuestra, una vez más, que la escena musical de Nashville está viva y en plena forma. ¿Será la nueva década que está a punto de llegar tan fructífera como la de los 80? Espero con ansiedad que sí.


ALEJANDRO ARTECHE


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